Centros de Participación Comunal

Centros de
Participación Comunal

En la década del ’90, la ciudad adquiere un enfoque de ciudad moderna, con la concreción del proyecto de descentralización administrativa, una gestión participativa y la creación de núcleos periféricos: "los CPC".

Esta experiencia era por entonces excepcional en América latina, y entre sus objetivos se destacaban la intención de acabar con la centralización del poder y aproximar la gestión administrativa al pueblo; revertir la trama burocrática del control municipal, sumando eficiencia y modernidad en trámites y gestiones; representar en estos centros las necesidades y aspiraciones culturales de la comunidad e impactar sobre la ciudad con imágenes (formas y espacios) como nuevas experiencias estéticas asociadas a funciones sociales.
Los CPC están ubicados estratégicamente equidistantes del centro, conformando un anillo, y marcando portales de ingreso en los principales accesos a la ciudad.

Los Centros de Participación Comunal o simplemente CPC son divisiones administrativas de la Municipalidad de Córdoba, en la Argentina, en los cuales se pueden realizar trámites que se efectúan en el Palacio Municipal 6 de Julio. Fueron creados por la intendencia de Rubén Martí. Su función es ser sedes zonales para la consulta y tramitación de impuestos y servicios, además se ofrece capacitación en diferentes oficios y áreas (computación, artesanía, tiempo libre, alfabetización y escolarización para adultos).
En la actualidad existen 12 delegaciones, que incluyen a un Sub-CPC, en las cuales se pueden encontrar oficinas comerciales y de cobro de empresas como: Aguas Cordobesas, Banco de Córdoba, EPEC, Registro Civil (Documentos, DNI, matrimonios), entre otros.
Ellos son: CPCs Barrio Centroamérica, Argüello, Villa El Libertador, Empalme, Rancagua, Colón, Monseñor Pablo Cabrera, Pueyrredón, Ruta 20, Mercado de la Ciudad, Guiñazú1​ (ubicado a orillas de la Ruta 9 Norte) y el Sub-CPC Chalet San Felipe en Barrio José Ignacio Díaz, casona dentro de la cual también funciona la Casa de Justicia, del Ministerio de Justicia.
En los barrios más importantes de cada CPC existe un Centro Vecinal. Estos centros son asociaciones civiles sin fines de lucro que participan en la gestión municipal y la controlan, además de representar a los vecinos de la jurisdicción que les corresponde. En cada centro vecinal se nombra a un presidente.          

En la década del ’90, la ciudad adquiere un enfoque de ciudad moderna, con la concreción del proyecto de descentralización administrativa y la creación de los centros municipales periféricos, políticas bosquejadas ya en los ’80 con la creación de los Centros Culturales Barriales, primer intento de descentralizar –en un principio la cultura– dentro de un ambicioso proyecto urbano del arquitecto Miguel Ángel Roca, por entonces secretario de Obras Públicas del municipio. 

Estos nuevos centros, diseminados en las distintas "patrias barriales", no tardaron en convertirse en verdaderos íconos urbanos, por su osado lenguaje vanguardista, inserto en las indefinidas tramas de las periferias de la ciudad. 

Hacia una ciudad moderna. En 1991, por iniciativa del por entonces intendente municipal, Rubén A. Martí, se promueven los cambios necesarios para lograr una definitiva descentralización, una gestión participativa y la creación de núcleos periféricos: los Centros de Participación Comunal, reconocidos popularmente por sus siglas CPC. 

En este marco, el arquitecto Miguel Ángel Roca (secretario de Desarrollo Urbano en el período 1991-1993), proyecta inicialmente nueve centros, de los que se construyen siete, quedando en los bosquejos los CPC de barrio San Vicente y camino a San Carlos. Con el correr del tiempo se sumarán otros, ya no diseño del mismo autor. 

Esta experiencia era por entonces excepcional en América latina, y entre sus objetivos se destacaban la intención de acabar con la centralización del poder y aproximar la gestión administrativa al pueblo; revertir la trama burocrática del control municipal, sumando eficiencia y modernidad en trámites y gestiones; representar en estos centros las necesidades y aspiraciones culturales de la comunidad e impactar sobre la ciudad con imágenes -formas y espacios- como nuevas experiencias estéticas asociadas a funciones sociales. 

Los CPC están ubicados estratégicamente, conformando un anillo, y marcando portales de ingreso en los principales accesos a la ciudad. 

Todos están ubicados equidistantes del centro, en la intersección de las vías de acceso radiales y un anillo concéntrico a la avenida de circunvalación, aproximadamente en el kilómetro 5. Es el caso del CPC Pueyrredón, levantado en el acceso de la autopista Este, o del CPC Ruta 20, que hace de puerta a los valles de Punilla, Traslasierra y la ciudad de Carlos Paz. Como así también de los CPC de Argüello, Colón; Monseñor Pablo Cabrera, Centro América y Libertador. 

Virtuosismo geométrico. Los CPC se destacan en las tramas de los suburbios donde se insertan como auténticos impactos arquitectónicos que desafían su entorno, convirtiéndose en íconos urbanos identificables. 

Con el uso de formas geométricas puras -como cubos, cilindros y conos- y, en algunos centros, a través del cromatismo extremo, el arquitecto incorpora el lenguaje de la modernidad en puntos estratégicos de la ciudad. 

Si bien el color y la geometría definen estos edificios, se ha logrado configurar un lenguaje diferente para cada centro, fácilmente reconocible entre sí, a la vez que mantienen caracteres que definen una imagen que se identifica con la nueva tipología. 

En los primeros proyectos -Argüello, América, Colón, Libertador y Pueyrredón- predominó la dimensión urbanística, por lo que los conceptos de "calle" y plaza cívica dominan cada conjunto. En estos edificios, un eje peatonal -a modo de calle- une los vestíbulos de los diferentes volúmenes. 

En los siguientes proyectos -por ejemplo CPC Ruta 20 y Monseñor Pablo Cabrera- la obra se configura separada de su contexto urbano y las diferentes experiencias espaciales se suceden dentro de las envolventes del edificio. 

El lugar de encuentro. Una constante siempre presente en las ideas generadoras de estos conjuntos arquitectónicos es la conformación de la plaza cívica. 

Se mantiene en todos los proyectos la premisa del "encuentro social" conformándose, de diferentes formas, un espacio público de encuentro que puede servir como mercado local o como espacio para el desarrollo de actividades culturales o, simplemente, como lugar de encuentro. 

La plaza es siempre el elemento articulador de los volúmenes que albergan las funciones básicas. En el CPC de Pueyrredón, tres volúmenes envuelven una plaza circular de manera escalonada, a modo de anfiteatro. En el CPC Avenida Fuerza Aérea, envolventes curvas encierran una plaza cívica. 

Diferentes resoluciones definen un mismo concepto, que el autor respetó también en otros espacios públicos de nuestra ciudad, como por ejemplo en los centros culturales. 

Las funciones que albergan. Los proyectos originales contemplaban la localización en estos centros de funciones mucho más ambiciosas que las que se desarrollan hoy. Algunos edificios -como el CPC de Pueyrredón- hasta pretendían aulas para dependencias de la Universidad; y en los volúmenes destinados a actividades sociales, estaban planificados hogares de ancianos y guarderías, para cubrir las necesidades de los diferentes sectores de implantación. 

Asimismo, en cada uno de ellos se planificó una sede para un futuro alcalde y para las juntas vecinales que debían crearse. Además de teatros y bibliotecas, que no en todos los barrios lograron gestarse. 

En general, en estos conjuntos el arquitecto Roca proyectó cuerpos o volúmenes básicos, claramente legibles, que albergan cada uno diferentes funciones: un cuerpo destinado a las funciones políticas y administrativas y un volumen que funciona como centro cultural. 

La excepción es el CPC Monseñor Pablo Cabrera, que se diferencia por ser un gran prisma central de cuatro pisos, donde se ubican las funciones políticas, administrativas y sociales -bordeado de una gran envolvente curva- y al que se acoplan una sucesión de volúmenes menores, destinados a funciones culturales. 

Hoy, estos edificios funcionan como dependencias donde pueden realizarse un alto porcentaje de los trámites y gestiones municipales, así como muchos de aquellos relacionados con las diferentes empresas de servicios, además de las diferentes actividades sociales y culturales, que en ellos se desarrollan: talleres, exposiciones, mercados al aire libre, etc. 

Con el pasar del tiempo. Con una visión en el tiempo, vale un análisis crítico de esta nueva tipología que tanto se identifica con nuestra ciudad. Lejos de caer en desuso, estos conjuntos arquitectónicos cubren las necesidades que el acelerado crecimiento de la ciudad va imponiendo. 

Esta nueva tipología logró sus tres objetivos fundamentales: la descentralización administrativa municipal; promover la participación activa social y cultural y convertirse en íconos urbanos periféricos. 

Si bien el osado lenguaje de estos centros generó duras críticas, es innegable que también sus provocativas imágenes generan un impacto que permite un fácil reconocimiento, hoy símbolos representativos de una ciudad descentralizada y participativa.