Encauzamiento La Cañada

Encauzamiento
La Cañada

El encauzamiento eliminó las pérdidas materiales y humanas de las crecidas del arroyo, convirtiéndose a su vez en ícono urbano que identifica la ciudad.

Hasta inicios de siglo XX La Cañada era en los hechos el límite occidental de la ciudad argentina de Córdoba, más al oeste comenzaba una zona de arrabales conocida extraoficialmente como "El Abrojal". Pese a su aparente mansedumbre, desde siempre amenazó con sus crecidas a la ciudad. El arroyo de La Cañada tiene su origen en La Lagunilla, un espejo natural situado al sudoeste de la ciudad. En tiempos donde el clima castigaba con sus lluvias torrenciales este cauce tranquilo se transformaba en un río violento que en muchas ocasiones arrasaba con todo lo que se encontraba en su camino, hasta cobrarse en muchas oportunidades vidas humanas. Por este motivo el primer trabajo de encauzamiento fue el famoso "Calicanto" (murallones de cantos rodados soldados con cal) cuyo diseño y proyecto es debido a los jesuítas. Pese a tal obra, hacia 1890 el arroyo se desbordó un día de madrugada, causando la muerte de unas 200 personas. Otra famosa tragedia sucedió en 1939, cuando su caudal arrasó con pavimento, ómnibus, muebles y animales, determinando así la construcción de las obras de encauce.

Desde entonces los cordobeses se preocupan por hermosear su trayecto. En la lucha por vencer a la naturaleza muchos integrantes de la sociedad cordobesa, de diferentes estratos culturales, comenzaron a proyectar la idea de una obra que canalice este arroyo. En el gobierno de Amadeo Sabattini se dieron los primeros pasos y el 4 de julio de 1944 se inauguró oficialmente, que con casi 3 kilómetros decora la ciudad con un murallón de piedras con puentes que atraviesa a la ciudad lograron contener esta furia de agua y convertirse en un ícono de la cultura cordobesa. Hoy, jalonada de puentes de piedra de aire románico, La Cañada es para Córdoba un espacio mítico, escenario de las andanzas de la temida “Pelada de la Cañada”, un famoso "aparecido" (fantasma) que mantuvo en vilo a los trasnochadores de fines del siglo XIX y principios del XX.